miércoles, 15 de octubre de 2014

veoveo: ángeles. feliz cumple pili.



Querida Abuelita:

Acaba de pasar media hora de la medianoche.

Todavía recuerdo tu último cumpleaños lúcido. Cómo olvidarlo, si fue el año de Daisy. Mi ukelele, Abuela. Se llama Daisy. Ese año, un día antes, el 14, de mañana, me llamó mamá, o mi hermana, con voz de tragedia: parecía que te nos ibas ese mismo día. Mejor pasar a saludar y a acompañarte en tu pasaje al otro lado, justo el día que cumplías años.

Por suerte no... o tal vez sí, fue tu despedida. El pico de presión te devolvió a este lado sonriente y comunicativa. Yo, igual, quise quedarme a dormir con vos. Daisy tenía 2 meses en mi vida y todavía no habíamos viajado. Nos estábamos conociendo. Dormimos las tres en la misma habitación. Yo casi no dormí. Estaba pendiente de tus movimientos, como vos con todos los bebés que cuidaste.

Al día siguiente te toqué todo el repertorio de temas que estaba aprendiendo: Capullito de Alelí, Sea of Love, Dos Gardenias, Mano a Mano. El tango, cómo te gusta(ba). Siempre tango en la radio a la mañana. Tango, o la radio de Córdoba.

Volviste sonriente, te decía. Saludaste a todos por su nombre; y esa fue tu despedida, aunque no lo supiéramos. Después, rápidamente, con las semanas, los meses, empezaste a sumirte a ese limbo de ensueño, de pasaje. Te escucho en esas frases inconexas, delirantes, y te percibo en un estado de "me estoy quedando dormida y digo incongruencias porque estoy hablando con las voces que me hablan desde el mundo onírico" permanente.

Nonnita querida, podría decirte que te extraño, pero la mesa amarilla y redonda de tu cocina celeste, donde cafés y mates, pastafloras y cigarrillos - hasta que hiciste la promesa por tu otro hijo, y nunca más fumaste - todas esas charlas hasta por los codos con historias de la tribu Cappelletti que desembarcó desde el norte de Ialia en Buenos Aires hace un siglo, tomaron la Zona Sur, construyeron un pequeño imperio que decayó con la proliferación de descendencia fértil, tus manos lavando los platos, todas esas pequeñas grandes cosas simples, están vivas en mí.

Qué manía loca. Por qué permanecés en ese lugar? Vi este corto de animación (3'16'') hace pocos días. Esa sos vos: peleándole a muerte a la Muerte.



No sé qué tan al tanto estás de mi vida, pero siempre te gustó que yo hiciera siempre lo que se me cantara el cu. Sigo en el mismo plan. Ahora en Brasil, mañana quién sabe dónde. Tocando mi música, viviendo tranquila. Mi novio es uruguayo, artesano, muy inteligente (y pintón! narigón, como me gusta a mí) y estamos enamorados. Me cuida y lo cuido también. Como vos con Abuelo. Nos peleamos a veces, también como ustedes (me ponía tan mal cuando los veía discutir... pero es parte del amor, no?).

En Juiz de Fora, la ciudad donde estamos ahora, a tres horas de Rio de Janeiro, nos recibe un ángel, que tiene mi edad y tres hijos. Nos cocina como cocinabas vos: abundante, "gostoso", y siempre con lugar para alguien más en la mesa. Hoy la ayudaba a preparar el almuerzo, la radio prendida, las ollas, las papas fritas: un gran homenaje a esos momentos en tu cocina. Un día te cansaste de cocinar, empezamos a ir al tenedor libre. Era divertido igual.


Siempre fuiste optimista, pero esta viñeta viene al caso de este juego "veo-veo", una aventura literaria que juego con gente que no conozco en internet... además de que tenías varios teléfonos como ese en tu casa.

Abue, sabés? Aunque en tu casa hubiera más revistas de Condorito que de Mafalda, las cosas más simples, y por eso las más importantes, las aprendí con vos. Mafalda es más intelectual, Condorito más ¿chabacano? Pero vos ayudabas, sin demasiada ideología más que la de ayudar. Con un carácter medio podrido pero amoroso, te brindaste a todo el que te necesitara. A tu marido nunca lo dejaste entrar a la cocina, ni para hacerse un té, y le atendías la agenda del consultorio también. Ahora, ya no podés hacer nada por él, sin embargo te negás a irte mientras él esté todavía dando vueltas. Creo que están los dos esperando al otro, a ver quién resiste más; ninguno quiere ver morir al otro.

Hace meses que no te veo. Cada vez que llegué a visitarte, las últimas veces, yo sé que me conociste. Abriste los ojos grandes y me tiraste unos besos. Duran tan poco los instantes de conexión, que los atesoro como regalos. Sos otro de mis ángeles. Sos el primer ángel. Vos tenés los tuyos cuidándote, esperándote. Hoy mismo, están vistiéndote ahí, en el umbral en el que estás. Tal vez con vestido de novia. Tal vez con traje de carnaval. Te están festejando, como nosotros acá.

Felices noventa Abuelita Pili. Te voy a escribir más seguido.

Te quiere,
Tu Grecó

Este post forma parte del ¡Veo Veo!, un juego de la infancia trasladado al mundo blog, donde diferentes autores comparten un tema común una vez al mes elegido en el grupo Veo veo en Facebook, y por medio del hashtag #VeoVeo en Twitter y otras redes sociales. ¿Querés jugar? ¡Veo veo! ¿Qué ves?

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