sábado, 23 de mayo de 2015

G de Galletitas Ginastera (incluye receta!)

Montada a pelo desde hace tiempo en el paradigma ecológico de la triple R, he reducido progresiva y drásticamente el consumo de productos alimenticios previamente envasados y elaborados. Entonces, me gusta hornear mis propias galletitas. Siempre salen diferentes, desde que dejé de seguir las recetas: generalmente aplico la intuición y la creatividad al servicio del todoterrenismo, término acuñado por mí en este acto, que significa que con lo que hay nos arreglamos.

Hoy había varios ingredientes disponibles, y salieron tan ricas que decidí registrar la receta y compartirla aquisito no más.

Ingredientes:

200 gs de harina integral
100 gs de harina blanca (0 a 0000)
1 cda de sal
1 pocillo de queso rallado
4 cdas aceite de girasol
2 cdas aceite de oliva
1 puñado de hojas de cebolla (de la huerta)
1 huevo sin batir
2 cdtas de semillas de lino
2 cdtas de semillas de chía
1 pocillo de semillas de girasol
1/2 pocillo de semillas de sésamo
1/2 taza de agua

Para comenzar, puse las semillas de lino y chía en un recipiente pequeño y las cubrí de agua. Las revolví un poco y en seguida la mezcla empieza a tomar una textura viscosa, gelatinosa. La dejo reposar. 

Prendo la hornalla y pongo a tostar el girasol y el sésamo (podría hacerlo en el horno si ya estuviera caliente, o en el fuego si lo tuviera marchando). Mientras se tuestan, vuelco las harinas en la mesada o bol (hoy tuve que ponerme a lavar platos en este punto de la preparación!), las mezclo con la sal y más o menos entre la lavada de platos y todo, a esta altura ya las semillas están tostadas. (También pueden ponerse a tostar las semillas antes de poner las otras en remojo). A esta altura también podría mezclarse el queso rallado, aunque yo me acordé al final y lo pude mezclar bien igual.

Paralelamente, pongo a calentar un poco de aceite y rehogo las hojas de cebolla (podría haber agregado otras aromáticas, y mi nota mental es: conseguir plantines de tomillo, orégano, romero). Junto esto con el resto del aceite.

Entonces tengo todos los ingredientes secos mezclados: hago un huequito en el medio y voy echando el aceite mientras voy mezclando y deshaciendo con las manos. Una vez que está mezclado el aceite, echo el huevo (quise batirlo antes de echarlo, pero se me escapó de las manos y fue a parar a la masa, así que ahí lo dejé: no descarto que el sabor particular de estas galletitas se haya debido a este "error" o desvío del plan original. ¿No es así como siempre se descubren las mejores cosas?). Sigo mezclando con las manos, y voy agregando las semillas en remojo gelatinoso. Así se va unificando la masa. Fui agregando agua hasta que todo estuviera bien unido y húmedo, sin llegar estar pegajoso. (Se puede ir regulando esta etapa final agregando harina si me pasé de agua).

A esta altura prendí el horno (mi horno no regula demasiada temperatura, pero lo dejo calentando al máximo mientras sigo con el siguiente paso). Agarro la asadera, y voy estirando la masa con la mano, el puño, los dedos hasta que esté bien acomodada cubriendo toda la superficie. Con el cuchillo corté la masa en tiras finitas y luego por la mitad para que no queden tan largas.

Así es que esta masa se fue al horno,  y una vez que empezó a oler rico (15-20 minutos) salió. Separé las galletitas, las puse en un plato y las comimos con queso fundido (requesón). (Nota mental: una pasta de garbanzos, o de zanahoria y ajo, o mayonesa de brócoli para la próxima).

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