jueves, 10 de marzo de 2016

Ponerme al día: Bruselas por el final

Creo que llegó la hora de ponerme al día en el relato de mi vida. Siempre me detengo porque pienso que es un acto de extremo egocentrismo esto de estar hablando de mí, mostrando mis fotos, mis pensamientos, etc. Pero después me doy cuenta de que hay muchos que me preguntan, que quieren saber cómo me fue en el viaje, que ponen "me gusta" cuando subo alguna foto suelta en el innombrable libro de las caras. Y no sólo eso, veo la cantidad de fotos que acumulo en la computadora, videitos, cosas que a veces salen en uno de los otros innombrables (aplicación de teléfono inteligente)... entonces en una tarde como hoy, lluviosa, otoñal casi de invierno, empiezo a ordenar la compu y me digo: QUÉ HAGO CON TODO ESTO, ADEMÁS DE NOMBRAR LAS FOTOS, ORDENARLAS EN CARPETAS, Y LLENAR EL DISCO RIGIDO DE RECUERDOS? Pues compártelas en tu blog! dicta esa voz interior que algunas veces tiene ideas brillantes. Todavía necesitas excusas para escribir tus relatos de viajes?

 
(Por ejemplo, cómo no vas a contar la historia de cómo conseguiste la trompeta?)

Pasar una tarde como la de hoy, como eran las tardes de marzo en aquella canción: lluviosa, con luz escondida, lenta y de niebla, revisando fotos y recuerdos tan recientes me hace preguntarme cosas a medida que van pasando las imágenes en la pantalla. Por ejemplo, a qué responde esta compulsividad de registrar los momentos que después se van a acumular en forma de bits. Ahora estoy con las de la Nochebuena en Bruselas. Las vueltas que van tomando mis itinerarios responde a lógicas muy caprichosas. Existirá un algoritmo que resuma, por ejemplo, las geografías que hemos atravesado? 


Me distraigo pensando si no debería estar tocando música en vez de estar haciendo estas pavadas. (SSHHH! Esa voz no es tuya, Juli. Agarrá el violín y tocá un par de escalas, si total siempre va a haber excusas para distraerse. De eso podemos hablar largo y tendido.)


Sigo adelante. Escribir sin detenerme es lo que me sostiene. Vuelvo a las fotos. Nochebuena en la Avenue des Staphyllins (y aparece la foto en mi mente de la letra de Male en ese papel con la dirección, y aparece el audio mental con sus indicaciones para comunicarme con el taxista "stafilAn, se dice stafilAn, y si no te entiende mostrale el papel". Yo no le mostré el papel, él no me entendió una palabra de lo que dije y me llevó a dar una vuelta por la Forêt hasta que nos dimos cuenta de que era en la estación Coccinelles. Entonces le pagué el paseo con todas las monedas de mi gorra del día, porque a veces una puede trabajar sólo para poder pagarse un taxi a la noche). Nochebuena en Avenue des Staphyllins en Watermael Boisfort, nadando en discos de vinilo y comidas estrafalarias y riquísimas. Realizando un ritual en el que (casi) ninguno de nosotros cree demasiado. Todo reside en el esmero puesto a la preparación de platos y sorpresas y sobre todo en el disfrute del buen comer . 


Nos hicimos regalos preciosos. Los míos fueron exclusivamente sacados del equipaje que llevé de Uruguay - 15 kilos por encima de lo permitido cuando me pesaron la valija en Carrasco. Así voy dejando pedacitos de mi vida por el mundo: ese cuaderno de artista a medio terminar, las recetas italianas impresas por Imprenta Anzilotti (la de mi abuelo-dueño... de eso hablaremos otro día...), las ocarinas del Ocarinero Humahuaqueño. Además de la valija llena de cosas que les dejé a Louise y Miguel, y las ropas de invierno que andarán descansando en un ropero en Ollon o, en el mejor de los casos, paseando por Lausanne o Bruselas. (Y mientras, miro la ventana pensando que pensaba que no pasaría el invierno en Colonia).


Perfecto. Nombré todas las fotos y las comprimí en un zip con Nombre: Nochebuena 2015. Ya hice otro que se llama "Juli y los dudús de Astrid", en la que sucesivamente foto tras foto voy posando con la Pitufina, el Winnie Pooh, la Nena, el Cochon, para rematar con una selfie con Astrid y todos ellos juntos).

En fin..........

Cuestión que me fui de Bruselas un 25 de diciembre, fecha re piola para tomarse un avión. Louise y Miguel vinieron a despedirme con regalos que me vinieron bárbaro para la inevitable espera en Barajas. 

Y sacamos la última con Male y Astrid en la puerta de Rue Vanderkindere 514, y las últimas en el aeropuerto y me estoy poniendo demasiado emotiva. Ya paso a otras cosas.



.... Continuará ...